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La leyenda de Amaterasu

¡Hola de nuevo a todos! Hoy vengo a hablaros de un cuento de la mitología japonesa. En concreto, de la leyenda de Amaterasu.

Amaterasu es la diosa del sol y deidad suprema del sintoísmo, la religión ancestral de Japón. Según la leyenda, Amaterasu recibió de su padre Izanagi el poder sobre el sol, mientras que a sus hermanos Tsukuyomi y Susanoo se les otorgó el control sobre la luna y los océanos, respectivamente.

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Sin embargo, Susanoo no estaba satisfecho con este reparto de poderes, ya que consideraba que era más fuerte e inteligente que sus hermanos. Por miedo a presionar a su padre, Susanoo se centró en atacar a Amaterasu arrasando campos de arroz, canales de irrigación y destruyendo templos y palacios de su hermana mayor. Tras la muerte de algunas sacerdotisas de Amaterasu en uno de estos incidentes, el consejo de dioses desterró a Susanoo y la diosa suprema, perturbada, se encerró en una oscura cueva, dejando al mundo entero sumido en la oscuridad. Esto provocó que las tierras comenzaran a pudrirse y reinase el caos.

Debido a la situación, muchas personas viajaron a la caverna en la que la diosa se ocultaba. Incluso después de ofrecerle joyas y espejos, Amaterasu no cedía. En ese momento, unos 8 millones de kami (dioses de la naturaleza) se reunieron e idearon una forma para sacar a Amaterasu de su escondite. Una de las diosas comenzó a bailar y todos hablaban de su belleza. Los kami colocaron un gran espejo junto a la entrada de la cueva y empezaron a festejar dándole la bienvenida a esta nueva deidad. Esto causó curiosidad a Amaterasu, que salió de su cueva y, al verse a sí misma reflejada en el espejo y envuelta en la luz que emanaba, quedó fascinada, ya que nunca se había mirado al espejo. Cuando Amaterasu se acercó, los kami aprovecharon para cerrar la entrada de la cueva y convencer a la diosa del sol de que volviera a alumbrar el mundo, restableciendo el orden.

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Según la leyenda, varias generaciones más tarde, uno de los descendientes de Amaterasu, Jinmu, se convirtió en el primer emperador de Japón, dejando a la Familia Imperial como descendientes directos de la diosa suprema del sintoísmo.

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